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     La referencia hacia el poblamiento de Golbardo se confirma en un escrito fechado el 5 de mayo del año 987 d.c., por lo cual un hidalgo, el Conde García Fernández, otorgaba a la iglesia Santa Juliana de Santillana del Mar aparte de las pertenencias que tuvieren en el pueblo de Caranceja, un territorio en que se encontraba una cueva, que posiblemente se trate de la “cueva del oso”, sita aquí en este pueblo de Golbardo.

     La existencia de Golbardo se verifica en un documento entregado el día de San Cosme y San Damián el 25 de septiembre del año 1250, en el que se dice que durante el advenimiento de tomas de posesión de herencias en Barcenaciones se encontraban allí reunidos varios vecinos de Golbardo. Aun siendo otra, la referencia documental del 6 de abril de 1302 la que nos confirma ya de manera mas exacta que en Golbardo existía una iglesia bajo el llamamiento de San Juan Degollado; en dicho documento se informa del arrendamiento realizado por el sacerdote y miembro de la comunidad eclesiástica de Santillana del Mar, a nombre del señor Roy Pérez y del señor Martín Pérez de las tierras pertenecientes a la iglesia en 30 maravedíes al año por el resto de sus vidas, a cambio de que se hiciesen vasallos de la abadía y entregaran en pago una vaca, “la mejor cabeza de ganado”, y que se  enterrasen en Santillana otorgando algo por ello; la cita concreta fue que daban: “El nuestro monasterio de Saint Yvannes de Golvardo con todas sus pertenencias”. Indicios del pasado medieval de esta iglesia de San Juan Degollado se pueden encontrar en la existencia de su puerta de ingreso que presenta un arco apuntado de grandes dovelas y guardapolvos, así como la pila bautismal que, decorada con una cruz, se conserva en el interior de la iglesia.

A finales del siglo XVI Golbardo contaba ya con una población de 19 vecinos en el año 1588 y de 20 en 1591, alcanzando su máxima cifra a mediados del siglo XVII concretamente en el año 1663 en el cual presentaba 30 vecinos, no superando ya a partir de esta fecha tal contingente de vecindad pues en 1753 Golbardo registra 22 vecinos. Debemos  significar que estas cifras tratan de unidades fiscales o cabezas de familia, tomando dos referencias precisas que nos proporcionan el numero total de individuos, una del año 1787 que muestra que en Golbardo existían entonces 54 habitantes de los cuales 24 eran solteros, 25 casados y 5 viudos, y otra del año 1845 que nos informa que el numero de habitantes eran 70. Todo ello viene a confirmar el fenómeno general que se registra en todo el valle de Reocín a lo largo del Antiguo Régimen de estancamiento demográfico.

       El padrón de habitantes de Golbardo más antiguo que hemos podido estudiar corresponde al año 1591 y en el ya vienen consignado los linajes y apellidos que durante siglos iban a detentar (Retener y ejercer ilegítimamente algún poder o cargo público) poder y preeminencia social dentro del concejo, tal es el caso de los Sánchez de Bustamante, Gutiérrez, Sánchez de Tagle, García, Sánchez de Quijano, González, y Sánchez de la Guerra.

       De fines del siglo XVI también son algunas noticias que nos permiten conocer aspectos de la vida diaria, tal es el caso que nos presenta una escritura fechada el 6 de mayo del año 1578 por la que un tal Juan González, vecino de Golbardo, entregaba a su hijo Diego González a Rodriga Fernández Velarde, vecino de Santillana y de San Vicente de la Barquera, para trabajar a su servicio «en lo líçito y onesto» por espacio de un año, con un sueldo de seis ducados «más dos pares de zapatos». A través de otro documento del 17 de enero de 1578 contemplamos como Pedro Gutiérrez, vecino de Golbardo, se daba por contento de recibir doce ducados, que valían 4.500 maravedíes, de su hijo Juan Gutiérrez, residente en la ciudad de Toledo, pues esta era la cantidad que le tocaba pagar por los gastos habidos por «el cumplimiento de ánima» de su madre difunta, mientras que su otro hermano, llamado Andrés, que vivía en Golbardo, no podía pagar esa misma cantidad por carecer de dinero, y en razón de ello se comprometió ese mismo día a servir con su mujer por espacio de dos años a su padre, siempre que éste le diera una novilla de nombre ”hermosa» y una «lechona» preñada; por otro documento del 12 de febrero del año 1579 vemos que Andrés Gutiérrez, el hermano que había quedado en Golbardo, otorgaba escritura por la que se obligaba a dar a su hermano Juan, el que estaba en Toledo, 3.000 maravedíes en concepto de deuda de cantidad que le debía y por razón de cierta ropa que el de Toledo le había dado, consistente en una capa y un «gregiesco negro», es decir, unos calzones o pantalones anchos.

       Estos documentos vienen además a evidenciar una emigración temprana en Golbardo, forzada por la necesidad; emigración que alcanzaría tintes dramáticos en el siglo XVIII, pues con unas cifras de población tan escasas, tal como ya hemos visto, nos encontramos con que por ejemplo en los años 1753 y 1765 se registra la ausencia en tierras lejanas de 8 vecinos. En el año 1765 se registra el hecho más que significativo del alcance y consecuencia de desestructuración familiar que tuvo la emigración en Golbardo, pues contemplamos el hecho de que de una casa que tenía seis hijos, de los cuales una era hembra, sólo quedaban en casa ella y otro hermano, mientras los otros cuatro se encontraban tres en el reino de Indias y otro en Andalucía, sin duda a la espera también de pasar a América.

       Referencias documentales dispersas nos permiten observar algunas manifestaciones de la vida diaria a través de pleitos suscitados entre los vecinos o por el concejo. Así, la demanda hecha en 1779 reclamando la restitución de un toro por Juan Antonio Gutiérrez, vecino de Golbardo, por haberle matado el suyo los toros de José Sánchez de Bustamante, su convecino; por ejemplo, la demanda hecha en 1776 «usando la acción popular» por Pedro Sánchez de la Guerra, vecino de Golbardo, contra José Sánchez de Bustamante por haber hecho éste una zanja para hacer cimientos y apropiarse de una porción de terreno que era de uso común, impidiendo el paso de los vecinos para la iglesia.

       El concejo de Golbardo estaba perfectamente organizado para su autogobierno y disponía para ello de sus propias ordenanzas (ya aprobadas en 1589) cuyo incumplimiento estaba castigado con severas penas, constituyen­do la defensa del común una voluntad colectiva, pero también un deseo y una necesidad individual, tal como se desprende de los autos hechos en el año 1779 a petición de un vecino de Golbardo, llamado Pedro Sánchez de la Guerra, para que se cumpliesen las ordenanzas respecto a la plantación de árboles frutales.

       Conocemos que a mediados del siglo XVIII el concejo de Golbardo además de tener sus términos propios, gozaba de otro término en comunidad en todos los aprovechamientos con los concejos de Rudagüera, La Busta y Casar, correspondiéndole a Golbardo la cuarta parte; disponiendo como propio de un monte alto de roble, produciéndose en el concejo maíz, alubia, lino, linaza, y fruta, consistiendo esta última en manzanas, peras, higos, melocoto­nes, nueces, castañas y ciruelas. En 1753 el concejo contribuía a la Abadía de Santillana con el diezmo de todos los frutos, pagando asimismo por las primi­cias celemín y medio de trigo cada vecino que tuviese bueyes de labranza, valorando los diezmos que pagaban en 900 reales y en 20 las primicias. En términos de Golbardo y sobre el río Saja, existían dos molinos de dos ruedas cada uno perteneciendo uno de ellos al pueblo, el cual arrendaban a un parti­cular en 16 ducados al año, mientras el otro molino era de dos particulares, de Francisco Gutiérrez de Rivero, presbítero en Rudagüera, y de José Diego Sánchez de Bustamante, vecino de Golbardo, que en las riadas que hubo entre junio y noviembre de 1755, sufrió importantes desperfectos.                              

       De este pequeño pueblo salieron grandes hombres, importantes personajes, que a lo largo de la historia -tal como hemos dicho unos eligieron el camino de la emigración a lejanas tierras, otros el de la carrera eclesiástica, otros el de la carrera militar y algunos desempeñaron oficios de gobierno; tal es el caso de un ilustre personaje nacido en la casa blasonada con su escudo de armas que junto a la iglesia de Golbardo hoy se conserva, correspondiente a los Sánchez de Bustamante, que fue don Pantaleón Sánchez de Bustamante y González, quien en 1797 era bachiller en leyes por la universidad de Zaragoza y solicitaba ser examinado para desempeñar el oficio de Abogado de los Rea­les Consejos, al que vemos en 1825 siendo Alcalde de la jurisdicción de la Real Abadía de Santillana, estando casado con doña Ignacia Sánchez de Bustamante, y teniendo a la sazón varios hijos llamados Rosalía, Benito, Eusebio, Baldomero y José María Ezequiel, quienes aparecen empadronados en Golbardo siendo todos hidalgos.

       El concejo de Golbardo iniciaba el siglo XIX teniendo que hacer frente en 1812 a un expediente incoado contra él en razón del atraso en el pago de los mantenimientos de tropa durante la Guerra de la Independencia; continuaba a mediados del citado siglo siendo una pequeña población que apenas alcanza­ba los 70 habitantes, los cuales vivían en 14 casas. Seguramente el desarrollo posterior experimentado por el concejo y que en la actualidad se contempla, deba relacionarse, no solamente con la mejora general de las condiciones de vida que se han dado en todo el ayuntamiento y en la región, sino también con la quiebra de su tradicional aislamiento, sobre todo por la mejora de las comunicaciones que significaron en 1860 la apertura y nueva construcción de la carretera general Torrelavega-Oviedo y, desde luego, con el establecimiento de una parada en Golbardo del Ferrocarril Cantábrico, cuyo primer tren entre Santander y Cabezón circuló el 12 de enero de 1895, además de la construcción de un moderno puente de hormigón a principios de siglo sobre el Saja, con ocasión de la apertura de la carretera que conduce a Novales; puente éste que venía a sustituir a un frágil y viejo puente de madera, de cuya reparación hay constancia en 1775, año en el cual el maestro de carpintería Antonio Gutiérrez, vecino de Barcenaciones, tasaba el reparo de los daños causados por el Saja.  

Existe otra página web sobre la historia de Golbardo, más concretamente sobre los padrones de hidalguías de Golbardo, para más informacion (aquí)

http://es.geocities.com/carguesos/GOLBARDO.htm

Historia de un Puente

       El puente de Golbardo, a pesar de que muchos vecinos de Barcenaciones digan que es de este último pueblo, fue realizado por José Eugenio Ribera, alrededor del año 1903

       El puente de Golbardo sobre el río Saja, en Reocín, es el primer puente de hormigón armado construido en España a principios del siglo XX. Posee dos arcos escárzanos gemelos de hormigón armado de 30 metros de luz y directriz circular, rebajados 1/10, y sobre los que se apoyan los montantes del mismo material. Éstos tienen una sección de 15 x 20 centímetros y separados por una distancia de un metro y medio; tienen la finalidad de sustentar el tablero, formado a partir de viguetas que vuelan sobre los arcos. El puente se apoya en dos estribos de piedra; uno de ellos artificial y procedente de otro puente anterior, y el otro una roca prominente que sirve de excelente apoyo natural. Su originalidad radica en la tipología, material utilizado y sistema constructivo, que consiste en utilizar viguetas metálicas sobre las que suspender los encofrados metálicos. 

       La delimitación del entorno de protección del puente de Golbardo tiene la finalidad de controlar la relación entre este monumento y los espacios que le dan soporte ambiental, y cuya alteración pueda suponer una merma de sus valores culturales o afectar a su correcta contemplación, interpretación y conservación. Por lo tanto, la delimitación es la siguiente: Aguas abajo: línea paralela al eje del puente, y situada a 90 metros del mismo. Aguas arriba: línea perpendicular al río Saja, situada al final de los acantilados que existen en su margen derecha.

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